Los Clásicos de Grecia y Roma

“Biblioteca Gredos”

La colección la forman 150 libros que recogen lo mejor de las letras clásicas con una presentación realmente buena, con encuadernaciones lujosas, obras completas  y prologadas por grandes y prestigiosos especialistas en la materia.

“Un completo recorrido por las obras maestras de las letras clásicas”

Clásicos son los autores y textos que han perdurado en el tiempo. Son los que nos ha legado nuestra tradición cultural y su prestigio perdura porque guardan un mensaje renovado y vivo.

En ellos hallarás el verdadero significado de la justicia, los valores de la democracia, la importancia de la cultura o los vínculos entre educación y convivencia.

Como escribió Calvino, los clásicos “constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero también una no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.”

Y en palabras de J. L. Borges, «clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad».

Son, en efecto, los lectores, los muchos y renovados lectores, quienes vienen a confirmar a lo largo de varias generaciones la calidad de un texto clásico.

Obras íntegras, en cuidadas traducciones, anotadas y prologadas por los mejores especialistas

Una biblioteca única y exclusiva con los grandes textos de Homero, Platón, Aristótles, Ovidio, Aristófanes, Séneca y todos los demás autores clásicos imprescindibles, presentados por los más especialistas más prestigiosos.

La Editorial Gredos, se dedica, desde hace más de 75 años, a la publicación de libros especialmente relacionados con la filología hispánica, el mundo grecolatino y el pensamiento filosófico. El interés por la pervivencia del mundo clásico ha sido siempre prioritario en su línea editorial, desde los primeros textos clásicos anotados y bilingües hasta la actual Biblioteca Clásica Gredos fundada en 1977.

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La lectura de los clásicos

15120710130846Carlos García Gual, Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid

Libros clásicos son aquellos que nos ha legado nuestra tradición cultural envueltos en un perdurable prestigio y en una fuerte resistencia al olvido.

Conservan un extraño calor juvenil y un intenso colorido, a pesar de la distancia, pues siempre guardan un mensaje renovado y vivaz. Son los libros supervivientes de la larga deriva temporal de la literatura, por oposición a la inmensidad de los escritos olvidados.

Clásicos son los autores y textos que han perdurado en el naufragio incesante del tiempo, escapando de la oscuridad, el polvo y la desidiade los siglos. Representan esos textos que Schopenhauer llamaba la «literatura permanente», frente a la enorme masa de los libros de efímero consumo. Son los que se resisten a ser engullidos por el vasto olvido. De ellos, unos se han mantenido siempre a flote y otros han vuelto, como Jonás, regurgitados del vientre de la ballena, pero firmes y frescos después del largo encierro. En palabras de J. L. Borges, «clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad». Son, en efecto, los lectores, los muchos y renovados lectores, quienes vienen a confirmar a lo largo de varias generaciones la calidad de un texto clásico. Y está bien recordar que en esa lealtad reiterada y secular hay siempre un aspecto histórico y subjetivo. Y que, junto a los clásicos universales, hay clásicos nacionales y hay además unos clásicos particulares y más personales. Cada lector tiene sus propias preferencias entre ellos; distribuye sus simpatías y elige a sus amigos de verdad. Pero todos los clásicos están avalados por su largo prestigio y arraigados en una tradición, antes recordada y reavivada en la formación escolar. Son esos libros que una persona de sólida formación cultural –según las normas– debería leer o haber leído.

Como escribió Calvino, los clásicos «constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero también una no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos». Los grandes clásicos tradicionales, los clásicos de siempre y, por antonomasia, en todo nuestro mundo occidental, los que tienen más siglos de supervivencia, los que acumulan comentarios y relecturas y ecos múltiples, los más traducidos y comunes a todos los europeos, son los griegos y los latinos. Están, por decirlo así, en las raíces más hondas de nuestra larga tradición literaria. Aunque hayan perdido en la enseñanza el puesto privilegiado y central que tuvieron en la Antigüedad y recobraron en el Renacimiento, siguen siendo los imprescindibles pilares sobre los que se levantan los cánones de la literatura, la filosofía, el derecho, la política y la ciencia del mundo occidental. Esquilo, Sófocles y Eurípides, los trágicos por excelencia. Virgilio y Horacio, los líricos de aura poética más renombrada. Y junto a ellos están los primeros historiadores, como el sabio y curioso Heródoto y el penetrante y austero Tucídides. Y los inolvidables maestros del pensamiento y la oratoria, como Platón, Aristóteles, Cicerón, Séneca, etc.

También aquí cada lector puede y debe escoger sus amigos, por afinidades electivas… Parece que, desligados de su conexión con la obligatoriedad de las aulas escolares, los clásicos se presentan más audaces y diversos, y se hacen valer por su propia elegancia, saber, vivacidad y hondura literarias. Y es difícil encontrar, si uno sabe leerlos, textos tan sugerentes, tan ricos en imágenes y de tan matizados ecos, tan capaces del diálogo con el lector, como estos antiguos poetas, dramaturgos, historiadores y filósofos. Sus ideas y palabras, sus reflexiones y fantasías, vienen resonantes desde lejos, pero nos llegan con una vivaz extrañeza y una familiar claridad.

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La poesía épica griega

HOMERO (circa s. VIII a.C.). Vivió alrededor del año 750 a.C. en alguna ciudad jónica de la costa de Asia Menor, aunque se sabe muy poco sobre su persona. Escribió las primeras epopeyas de la poesía épica que se han conservado íntegras, la Ilíada

y la Odisea, protagonizadas por algunas de las más grandes figuras de la literatura de todos los tiempos, como Aquiles, Héctor, Ulises, Agamenón o Eneas.

HESÍODO (circas. VIII a.C.). Agricultor y pastor desde su infancia, amante de la tierra, este poeta de origen beocio fue el cantor del trabajo y de la justicia. En su Teogonía intentó sistematizar la tradición mitológica griega y conciliarla con poemas cosmogónicos anteriores, hoy perdidos.

El nacimiento de la tragedia

ESQUILO (525-456 a.C.). Es llamado el padre de la tragedia. Nació en Eleusis, localidad próxima a Atenas, y escribió alrededor de 80 obras, aunque hasta nosotros sólo han llegado completas unas pocas. En la tragedia de Esquilo no sólo se representa la preocupación por el mundo de los dioses sino también por una realidad humana donde la injusticia muestra su rostro más cruel.

SÓFOCLES (496-406 a.C.). Nació en el seno de una rica familia ateniense.

Fue el dramaturgo que idealizó el sufrimiento humano y su carrera literaria está marcada por una constante sucesión de triunfos. Sus personajes, de una grandeza psicológica extraordinaria, se crearon paralelamente a los acontecimientos de la guerra del Peloponeso. Edipo rey, una de sus obras maestras, fue considerada por Aristóteles la tragedia ideal.

El teatro y la fábula

EURÍPIDES (485-406 a.C.). El más humano de los trágicos griegos nació en Salamina en el seno de una familia acomodada y murió en Macedonia, unos meses antes que Sófocles. Fue un hombre abierto al pensamiento de los sofistas, y en sus obras reflejó ideas y problemas nuevos que conectaban con los hombres y mujeres de la calle. En la Antigüedad era conocido como el filósofo de la escena.

ESOPO (circa s. VI-V a.C.). Personaje legendario sobre cuya biografía no se sabe mucho y al que se atribuyen las fábulas populares que circulaban en la época.

Generalmente, se considera a Esopo de origen frigio, y aunque se le supone esclavo, se cuentan de él viajes y avatares fantasiosos. Plutarco decía de él que era feo, tartamudo y jorobado, pero de espíritu ingenioso y sutil.

Los padres de la historia

HERÓDOTO (484-430 a.C.). Nacido en Halicarnaso, en la costa sudoccidental de Asia Menor, Heródoto fue considerado por Cicerón el padre de la historia. Su obra se centra en la descripción detallada del gran conflicto bélico que obligó a los griegos a unirse en contra de sus enemigos los persas: las guerras médicas. Fue el primer historiador experimental, narrador de lo que observaba. Opinaba que la responsabilidad de los actos humanos recae directamente sobre los hombres, no sobre los dioses.

TUCÍDIDES (460-400 a.C.). Perteneciente, cronológicamente, a la generación posterior a Heródoto. En su obra narra la guerra del Peloponeso que enfrentó a Atenas y a Esparta entre el 431 y el 404 a.C.; su relato le confiere a la historia el rigor de las ciencias y la pasión por la verdad objetiva; su premisa fundamental es la observación directa de los hechos. Tucídides es el primer historiador moderno.

La época de Pericles

HIPÓCRATES (460-377 a.C.). Nacido en la isla de Cos, descendiente, según la leyenda, de Asclepio, Hipócrates viajó por Grecia, Egipto y Asia Menor. Fue un profundo conocedor de la ciencia médica de su tiempo y está considerado el iniciador de la observación clínica. Los tratados y escritos presentados tradicionalmente como Tratados hipocráticos se deben, en realidad, a unos cuantos médicos que posiblemente trabajaban en equipo o pertenecían al entorno de la escuela de Hipócrates.

ARISTÓFANES (445-388 a.C.). Máximo exponente de la llamada comedia antigua, nació en Cidataneo, un demo del Ática, y su vida coincidió con las guerras del Peloponeso. De su abundante producción literaria, siempre crítica con la política y la sociedad de su época, sólo nos han llegado algunas comedias.

En la Atenas de Sócrates

JENOFONTE (430-355 a.C.). Nacido y educado en Atenas, Jenofonte fue soldado de fortuna y hombre de acción, y sólo tardíamente se entregó a la escritura. En su obra maestra, la Anábasis, relata cómo tras la muerte de Ciro y de los principales jefes griegos, un ejército de casi 13.000 mercenarios se desmoronaba cerca de Babilonia; corría el año 401 a.C. y el joven Jenofonte tomó el mando de aquella expedicióny dirigió su retirada.

PLATÓN (426-347 a.C.). Nacido en Atenas, es el primer filósofo de quien se conservan obras completas. Comenzó su actividad literaria como poeta, pero en el año 407 a.C. entró en el círculo socrático y su vida dio un giro decisivo hacia la filosofía. En el año 387 a.C. fundó la primera escuela filosófica, la célebre Academia. Platón recurrió al diálogo como método de exposición de sus ideas y elevó así el género a las más altas cotas filosóficas y literarias.

En tiempos de Alejandro Magno

ARISTÓTELES (384-322 a.C.). Nacido en la pequeña ciudad de Estagira en el 384 a.C., llegó a Atenas a la edad de 17 años con el propósito de completar su formación en la Academia de Platón, su maestro. En el año 335 a.C., funda su propia escuela filosófica, el Liceo. Su amor al saber y su gran curiosidad intelectual llevaron al Estagirita a considerar dignos de estudio infinidad de temas y materias, de la literatura a la física, de la lógica a la metafísica. Está considerado el padre del pensamiento científico.

DEMÓSTENES (384-322 a.C.). El más elocuente orador que recuerda la historia fue el ateniense Demóstenes. Para convertirse en orador, tuvo que vencer graves defectos físicos y una enorme timidez. Según Plutarco, Demóstenes se construyó un refugio subterráneo en el que pasaba meses encerrado practicando la oratoria, e incluso llegó a afeitarse media cabeza para que la vergüenza le impidiera salir de su encierro y obligarse, así, a seguir estudiando.

Después de Aristóteles

TEOFRASTO (370-287 a.C.). Nacido en la isla de Lesbos, fue discípulo y auxiliar de Aristóteles en la escuela peripatética y su sucesor a partir del año 323 a.C. Tuvo el honor, además, de heredar la prestigiosa biblioteca del gran filósofo de Estagira, y fue amigo de Epicuro. De su abundante producción se han conservado sólo algunos escritos sobre botánica y su breve libro Caracteres, compuesto por 30 capítulos dedicados a otros tantos vicios o defectos humanos, y que ofrecen, en conjunto, una amena panorámica de la vida cotidiana en la Atenas de la época.

MENANDRO (342-293 a.C.). Nacido en el seno de una familia ateniense acomodada, fue discípulo de Teofrasto, en cuyos Caracteres parece que se inspiró para muchos de sus personajes. De las más de cien comedias que escribió, ninguna se ha conservado completa. Está considerado el máximo representante de la llamada comedia nueva, que se caracteriza por el abandono de la crítica política en favor de un enfoque «moralizador» al estilo del teatro de costumbres.

En la época helenística

EUCLIDES (330-275 a.C.). Formado en Atenas, posiblemente en la Academia de Platón, fue el responsable de la primera «facultad» de matemáticas de la historia, creada en el useo de Alejandría. Su gran obra, los Elementos, es una de las más influyentes de la humanidad. Aunque Euclides se inspiró en matemáticos anteriores, el gran mérito de su trabajo radicó en la organización lógica de todo el material existente hasta entonces sobre geometría griega del círculo y la recta, y sobre teoría de números.

APOLONIO DE RODAS (297-? a.C.). Gran filólogo alejandrino y, según algunas fuentes, discípulo de Calamaco, a quien sucedió en la dirección de la mítica biblioteca de Alejandría. Aunque ya en la época homérica existían poemas sobre la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro, Apolonio retomó la historia casi cinco siglos después, convencido de la popularidad de Jasón y Medea, sus protagonistas, y del atractivo que el viaje por tierras lejanas tendría para el público.

La comedia latina y la historia griega

PLAUTO (254-184 a.C.). Nacido en Umbría, llegó a Roma en su juventud, en un momento de plena efervescencia cultural, y allí vivió, en principio, sumido en una precaria situación económica. Fue el más importante de los comediógrafos latinos y ya en su época alcanzó una gran popularidad; llegó a escribir 130 obras, aunque hasta nosotros sólo ha llegado una veintena. Su comedia está concebida para divertir a un público popular, y cualquier recurso es válido para provocar la hilaridad.

POLIBIO (209-127 a.C.). De padre militar, nació en Megalópolis, ciudad del Peloponeso, y creció y se educó en un entorno totalmente castrense. De los 40 libros de sus Historias, sólo nos han llegado los cinco primeros, que narran la segunda y tercera guerras púnicas. Escritor claro y ordenado, sus obras son de lectura fácil y agradable. Las descripciones que hace Polibio de las batallas y los asedios de ciudades son sumamente detallados.

En torno a César

CICERÓN (106-43 a.C.). Fue un hombre de una curiosidad insaciable por todos los aspectos de la cultura, autor de una prosa sumamente depurada en la que la inteligencia y la pasión encontraban de forma natural un equilibrio ejemplar. En toda su actividad literaria se manifiestan sus incomparables dotes oratorias, su facilidad de palabra, su habilidad para desenvolverse en el seno de la controversia y su estilo claro, puro y elegante. Los discursos del historiador y político latino Cicerón han servido de modelo y ejemplo para la oratoria moderna.

JULIO CÉSAR (100-44 a.C.). La vida y la importancia política de Julio César son de sobras conocidas. Su obra literaria, sin embargo, se perdió en su mayoría, y hasta nuestros días sólo han llegado los Commentarii de bello Gallico y los Commentarii de bello civili. Estos dos extraordinarios «informes» bélicos han sido, empero, materia literaria suficiente para que César sea considerado el autor de uno de los mayores monumentos de la prosa latina.

El siglo I a.C.

SALUSTIO (83-35 a.C.). Nacido en Amierno en una familia plebeya acomodada, fue uno de los más fervientes partidarios de César, quien llegó a nombrarle procónsul del África Nova. Político e historiador romano, conoció a los hombres públicos más notables de aquel turbulento período en el que se desmoronó la República. Su sagacidad e inteligencia le permitieron advertir los vicios y virtudes de su época, plagada de conjuraciones y guerras. Escribió dos impresionantes monografías: la Conjuración de Catilina y la Guerra de Jugurta.

CATULO (84-54 a.C.). En el ataque personal no conocía límites; uno de los blancos de su poesía satírica fue Julio César, aunque la parte principal del cancionero de Catulo canta sus amores, llenos de pasión y de estados contradictorios, con una mujer a la que da el nombre de Lesbia.

Los grandes poetas del Imperio

VIRGILIO (70-19 a.C.). Se trata del más importante poeta de la latinidad clásica. En sus Bucólicas, emula la poesía pastoril de Teócrito; en las Geórgicas, habla del cultivo de los campos y de la cría de animales; en la Eneida, su obra capital y una de las grandes epopeyas de la literatura universal, hace un elogio y justificación del imperio de Augusto: un designio divino ha puesto en manos de los romanos el dominio del mundo a fin de traer la paz a la tierra.

HORACIO (65-8 a.C.). Nacido en Venosa, recibió una educación seria y refinada, primero en Roma y más tarde en Atenas, donde, como tantos otros jóvenes de su época, aprendió filosofía y profundizó en los estudios literarios. Lo principal de su producción lo constituyen sus cuatro libros de odas. La magia de su poesía reside en la excepcional combinación de inteligencia y sensibilidad, pasión e ironía.

Geografía e historia en la época de Augusto

ESTRABÓN (58 a.C.-21 d.C.). Geógrafo griego que visitó gran parte del Imperio romano y residió largo tiempo en Roma y Alejandría. Su Geografía, cuya mayor parte se conserva, se apoya en las obras de historiadores como Éforo, Polibio y Posidonio. Aunque la obra tiene carácter histórico, Estrabón se interesó también por descubrir las relaciones de los hombres, de los pueblos y de los imperios con el entorno natural.

TITO LIVIO (59 a.C.-17 d.C.). El paduano Tito Livio residió mucho tiempo en Roma, donde disfrutó del favor de Augusto, a pesar de su fidelidad a los ideales republicanos. Su Historia de Roma desde su fundación llegó a tener 142 libros, de los que sólo nos han llegado 33, y algunos fragmentos. La obra empieza explicando los antecedentes de la fundación de Roma y la leyenda de Rómulo y Remo, y, al parecer, llegaba incluso hasta la muerte de Druso, en el año 9 a.C.

La poesía del amor

OVIDIO (43 a.C.-18 d.C.). Vivió la pax augusta y disfrutó de una buena formación retórica en Roma y de una vida placentera hasta que, sin que se sepa el motivo, fue desterrado por Augusto al lejano Ponto Euxino. Junto con Virgilio es el poeta latino más importante y más influyente. Cultísimo, dotado de una facilidad extraordinaria para el verso, fue un hombre mundano y ansioso de placeres que supo transformar en materia poética su experiencia vital.

Filosofía y prosa en tiempos de Nerón

SÉNECA (4 a.C.-65 d.C.). Desterrado por Claudio a la isla de Córcega en el año 41, Séneca regresó a Roma en el 49 para encargarse de la educación de Nerón, de quien fue, más tarde, mentor moral y político. Extraordinariamente inteligente, elegante en sus actitudes y muy rico, este filósofo cordobés profesó el estoicismo, aunque su vida no siempre se acomodara a lo que defendían sus escritos. Además de sus tratados morales, fue autor de al menos nueve tragedias.

PETRONIO (s. I d.C.). La vida y la obra de Petronio han planteado muchas dudas a los especialistas. Del autor apenas se sabe nada con certeza, aunque suele aceptarse que fue un refinado vividor del tiempo de Nerón, famoso por su elegancia, que acabó abriéndose las venas por orden del emperador. Su obra, de la que se afirma que es la primera novela de la literatura latina, sólo nos ha llegado de forma fragmentaria.

Naturaleza e historia en el siglo I

PLINIO EL VIEJO (23-79). Cayo Plinio Secundo, llamado el Viejo para distinguirlo de su sobrino, dedicó toda su vida a la lectura y el estudio. Fruto de su capacidad de síntesis es la monumental enciclopedia del saber de su tiempo, la Historia natural , un ambicioso proyecto intelectual que aborda materias tan diversas como la astronomía, la zoología, la mineralogía, la geografía o la botánica, y gracias al cual se tiene noticia de infinidad de autores y obras desaparecidos.

FLAVIO JOSEFO (37-100). Historiador judío que escribía en griego, Flavio Josefo fue un hombre complejo en una encrucijada histórica difícil. Sumamente inteligente y culto, supo captar en profundidad tanto las peculiaridades de las diversas tendencias hebreas (saduceos, fariseos, esenios) como las de las dos grandes culturas dominantes (la pagana y la judaica), y fue capaz de moverse con naturalidad en cualquiera de esas visiones del mundo, lo que le valió odios y acusaciones de traición.

Poesía y sátira

LUCANO (39-65). Poeta superdotado, sobrino de Séneca, recibió una esmerada educación literaria y filosófica en Roma. Su competencia literaria con Nerón, en cuya corte vivió, le granjeó la envidia del emperador, que acabó ordenándole que se quitase la vida. Con la Farsalia, poema épico sobre la guerra civil entre César y Pompeyo, rompió con los cánones virgilianos de la epopeya al abandonar la trama mitológica en favor de un tema histórico.

MARCIAL (40-104). Marco Valerio Marcial, nacido en Bílbilis, cerca de Calatayud, es el más notable, agudo e ingenioso epigramista de la literatura latina. Su obra principal la constituyen 12 libros de epigramas en los que se puede hallar el cuadro más completo de la sociedad romana de fines del siglo I, un mundo de adulación, obscenidad y corrupción que Marcial supo captar con peculiar ironía y sutileza.

Biografías ejemplares

PLUTARCO (50-120). Biógrafo y ensayista griego, Plutarco se formó en los círculos aristotélicos de Atenas. Viajó por Asia Menor, visitó Alejandría y Roma, y, de regreso a su tierra natal, Queronea, se entregó de lleno a la literatura. Su obra más importante, Vidas paralelas, consta de 50 biografías de personajes eminentes de Grecia y Roma, y es una de las obras más influyentes de la literatura universal.

QUINTO CURCIO RUFO (s. I d.C.). Posiblemente escribió su curiosa biografía de Alejandro Magno durante el reinado de Claudio. Es una especie de novela que contribuyó en gran manera a la desfiguración legendaria del joven héroe y que fue leída con pasión durante la Edad Media. Discípulo de los retóricos, Quinto Curcio no se preocupó mucho de la exactitud histórica ni geográfica; a pesar de ello, las descripciones de batallas y los análisis psicológicos de los personajes hacen de la obra una apasionante lectura.

La Roma decadente

TÁCITO (55-120). Un siglo después del historiador de la grandeza de Roma, Tito Livio, nació Cornelio Tácito, autor de una penetrante, profunda y pesimista visión del primer siglo del Imperio. Para redactar su obra, Tácito recurrió no sólo a la ya entonces abundante bibliografía sobre los primeros tiempos del Imperio (la mayoría, hoy pérdida), y a los testimonios de sus conocidos de más edad, sino que consultó los diarios de Roma, los Diurna Urbis Acta, como habría hecho un historiador de nuestros días.

JUVENAL (60-140). Romano y orgulloso de serlo, pero de origen plebeyo, Juvenal sentía indignación ante la decadencia de la Roma que le tocó conocer. Sus sátiras, nacidas de la misma realidad que en Marcial despertaba burlas y risas, son, por lo tanto, mucho más amargas y críticas.

Grandes personajes de la historia

SUETONIO (69-141). De su abundante y variada producción literaria sólo nos ha llegado su famosa Vida de los doce césares, un vivo retrato de las peculiares personalidades que durante varios siglos dirigieron el mundo. Sin embargo, no hay que buscar en la obra de Suetonio una visión crítica de lo que hicieron sus biografiados ni un análisis de su labor política, sino, más bien, un ameno anecdotario, lleno de sorpresas, sabiamente articulado para ofrecernos el retrato personal y moral de cada uno.

ARRIANO (95-175). Discípulo de Epicteto y redactor de algunos de los escritos estoicos más importantes, fue nombrado ciudadano romano por su brillante historial militar, y gobernador de Capadocia bajo el mando de Adriano. Dedicó los últimos años de su vida, en Nicomedia, a la redacción de diversas obras, entre las que destaca la Anábasis de Alejandro Magno, sobre la expedición del mítico personaje.

Maestros de la prosa

MARCO AURELIO (121-180). Descendiente de una familia originaria de la Bética, estudió retórica griega y latina. Emperador romano desde el año 161, se vio envuelto constantemente en guerras de contención contra los bárbaros. Como político, fue un jefe consciente de su deber que consolidó el procedimiento judicial y humanizó las leyes, y como filósofo, un importante representante del estoicismo, cuyas enseñanzas sintetizó en las Meditaciones, su principal obra.

APULEYO (125-170). Nacido en el norte de África, en la actual Argelia, Apuleyo estudió en Cartago y Atenas, viajó por diversas provincias del Imperio dando conferencias filosóficas y ejerció en Roma como abogado. Hombre de enorme cultura y de gran interés por toda suerte de materias, se sintió atraído por el neoplatonismo, por los cultos orientales y por la magia. Su novela Las metamorfosis, que más tarde fue conocida como El asno de oro, es la única novela latina que nos ha llegado completa.

De botánica y medicina

DIOSCÓRIDES (circas. I d.C.). Médico griego, gran viajero y experto en botánica que describió minuciosamente las propiedades medicinales y curativas de las plantas. Su texto Materia médica, una recopilación de todo el saber farmacológico de su tiempo, fue durante siglos una obra de referencia fundamental.

GALENO (129-201). Hijo de un ilustre arquitecto, estudió matemáticas, filosofía y medicina en Pérgamo, Corinto y Alejandría. Ejerció como médico de gladiadores y médico de la corte en la Roma de Marco Aurelio, donde acumuló una inmensa fortuna. Heredero intelectual de Aristóteles e Hipócrates, fue autor de más de un centenar de obras; sus textos médicos perduraron como principal fuente del saber en la materia hasta mediados del siglo XVII.

Dos lúcidos y brillantes cronistas

PAUSANIAS (circas. II d.C.). Admirador de la época gloriosa de Grecia que va desde los orígenes hasta el esplendor de los siglos V y IV a.C., Pausanias se propuso narrar con detalle la historia de aquella civilización y describir los lugares donde transcurrió. Por ello, en su Descripción de Grecia su voz se entretiene en glosar la fundación de las ciudades y los templos, en el relato apasionado de las creencias y costumbres de una época perdida, en la minuciosa narración de un mundo mítico e irrepetible.

LUCIANO DE SAMÓSATA (125-192). Aunque era natural de Siria y el griego no era su lengua materna, Luciano de Samósata llegó a ser uno de los escritores más representativos de la literatura griega del Imperio ilustrado. Su dominio del idioma fue tal que su obra ha sido parangonada con la prosa clásica más pura. Hombre inteligente y escritor independiente, contemplaba el mundo desde una postura crítica y burlesca pero en absoluto moralizadora.

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